![]() | REPERTORIO Sinfonía de los Salmos |
Coreografía: Jirí Kylián
Música: Igor Stravinsky (Symphonie de Psaumes; Á la Gloire de Dieu)
Escenografía: William Katz
Figurines: Joop Stokvis
Diseño de Luces: Joop Caboort
Asistente al Coreógrafo: Hans Knil
Estrenado por el Nederlands Dans Theater en el Circustheater de Scheveningen, el 24 de noviembre de 1978. Estrenado por la Compañía Nacional de Danza en el Teatro Real de Madrid el 5 de noviembre de 1999.
Orquesta Sinfónica de Madrid
Dirección: Pedro Alcalde
Coro de Valencia
Alabad al Señor
Alabadle con el sonido de las trompetas
Alabadle con salmos y con arpa
Alabadle con tímbalos
Y con la danza
Pero ¿por qué?
Ya que la obra de Stravinsky
nunca se realizó con el
fin de ser bailada, constituye
una importante declaración
musical en la que una de las
principales aseveraciones, la
de alabar con la danza, no se
cumple. Por lo tanto, esta coreografía
se ha realizado simplemente con
el fin de completar el concepto
original del texto: para alabar
al Señor con la danza.
Pero, ¿qué es lo
que debe alabarse con esta oración
física?.
Se trata más bien de un
lamento por un mundo imperfecto
y desunido, en el que el sufrimiento
y la inseguridad de cada individuo
se enfrentan en un diálogo
irónico con la música
de Stravinsky. La danza está estructurada
como un cuerpo en constante movimiento,
sin descanso. Ningún bailarín
hace una entrada ni salida a
escena hasta el final, hasta
su lenta y última despedida.
La danza les arrastra, con frecuencia,
hacia al suelo, con sus tristezas
y fracasos, pero se incorporan
de nuevo, y sus líneas
se reagrupan y vuelven a moldearse
con una austeridad geométrica.
Ahora bien, en esta etapa de
la vida, también hay ternura
y esperanza. Los rígidos
patrones han sido destruidos
por los amores y deseos individuales,
todos tan vulnerables y efímeros.
Se alaba así, a través
de la danza, el valor de la humanidad
y de los afectos.
Kylián
concibe una coreografía
que respeta totalmente la forma
rectangular de los escenarios
convencionales. Supone su gesto
individual y simbólico,
aceptando las limitaciones que
también nos impone la
vida. Sin embargo, estas fronteras
no señalan necesariamente
una realidad negativa. Con frecuencia,
estimulan nuestra creatividad
para encontrar la libertad y
la fantasía dentro del
espacio que nos ha sido asignado.
Este
concepto sobrio y angular de
la coreografía se hace
eco en las formas y motivos de
los tapices que configuran el
fondo de este laberíntico
mundo. Dichos tapices forman
parte esencial de una producción
que es, en el fondo, una celebración
de la supervivencia del espíritu
humano ante el materialismo
del mundo.
Christian Harvey
